Niveles educativos

Jardín de infancia
(4 a 6 años)
Durante el primer septenio de la vida, el ritmo es fundamental; el niño aprende a respirar y es un todo órgano sensorio.
Rudolf Steiner nos recuerda cómo el ritmo es algo vivo y es portador de salud, cuanto más rítmicamente viva el niño, más sano será su desarrollo. Por eso en el jardín las actividades respetan este principio y atienden a las necesidades formativas y volitivas que el ser humano requiere. Por lo tanto, el ciclo anual es un organismo rítmico en toda su organización.
Saludo, cantos, ronda, acuarela, tejido, colación, juego libre, manualidades, huerto, caminatas, cuentos, despedida; constituyen un ritmo alegre, sólido y amoroso que envuelve a los niños y niñas diariamente.

Primero básico
(7 años)
En torno al septimo año y en proceso de la segunda dentición comienza la enseñanza formal.
Muchos elementos de aprendizaje se adquieren por la vivencia y la imitación; dando una gran relevancia a las imágenes, las cuales interiorizarán, recordarán y las generalizaran en un concepto que podrá ser aplicado.
Cada día escucharán narraciones donde la experiencia holística que el niño tiene del mundo será nutrida por imágenes arquetípicas como la reflejadas en los cuentos de hadas e historias de la naturaleza.
Viven una primera experiencia de formas, usando secuencias de líneas rectas y curvas en un marco horizontal.
Conocen las letras en forma de imágenes, para terminar en una escritura formal, explorando la relación entre sonido y símbolo con el uso de la escritura emergente.
Experimentan la totalidad y la individualidad de los números incluyendo movimientos, versos, dibujo y pintura.
En el transcurso de este año se desarrollan hábitos de vida que perdurán para el futuro y el profesor o profesora los llevará a convertirse en un grupo socialmente cohesionado donde sus miembros se escuchan y se cuidan mutuamente.

Cuarto básico
(10 años)
En cuarto básico los niños atraviesan una etapa de grandes descubrimientos. Empiezan a mirarse a sí mismos con mayor conciencia y a explorar el mundo con una mirada más realista. La pedagogía Waldorf acompaña este proceso con aprendizajes significativos, que combinan la vivencia artística, el estudio académico y la experiencia práctica.
Durante el año los alumnos se adentran en la mitología nórdica, estudian gramática y redacción, avanzan en matemáticas con fracciones y medidas, y se acercan a la geografía local y al mundo animal. El trabajo agrícola, la geometría, la música y las manualidades completan un camino en el que cada materia nutre la confianza, la creatividad y el sentido de pertenencia.
En este grado, el aprendizaje se convierte en una experiencia viva, donde el niño descubre su propio lugar en el mundo con alegría y profundidad.